Reseña de Verónica Ortiz
La noche del 1 de octubre nos encontramos en la biblioteca de San Fernando para escuchar la clase de Emilio Vaschetto, titulada Amor a muerte. Se trató de la tercera clase del curso anual del Instituto Oscar Masotta: Freud, Lacan: una lectura intertextual, organizada por la Delegación de San Fernando.
La exposición comienza con la lectura de un poema de Macedonio Fernández, del cual fue extraído el título de la conferencia.
Para abordar el tema de su charla, Vaschetto propone un recorrido por el texto de Germán García: Macedonio Fernandez: la escritura en objeto.
Explica que para Lacan el narcisismo se sitúa en el registro de la agresividad. Que existe un desconocimiento constitutivo del sujeto que lleva en ciernes su propio factor letal.
Pasa a ubicar cuatro tesis en el escrito de Lacan La agresividad en el psicoanálisis:
1) la agresividad es constitutiva
2) la agresividad se halla en relación a la noción de cuerpo fragmentado.
3) la agresividad en lo que respecta a la técnica: la reacción terapéutica negativa.
4) el odio. La agresividad como identificación narcisista a-a’.
Vaschetto habla entonces del kakón: aquello que se ataca en el otro sin saberlo es el propio vicio, la perversidad y el mal propios, buscándolos en la alteridad sin reconocerse como estando ahí. (Por ejemplo, en las paranoias de autocastigo tales como el caso Aimée, de Lacan).
En Posición del inconsciente se pueden leer la operación de alienación, encarnada en la figura de Narciso y la operación de separación, Empédocles y su suicidio. En la tendencia suicida, explica Vaschetto, se pueden ubicar las dos operaciones: la alienación irreductible o el alejamiento absoluto.
A partir de los años ’20, con Más alla del principio de placer Freud apunta a dar un estatuto teórico a la agresión. Para desarrollar este punto, Emilio Vaschetto nos remite a los aportes de Oscar Masotta que pueden ser leídos en El modelo pulsional. (Especialmente capítulos II y III).
Explica más adelante en su exposición que resulta necesario conocer las teorías medievales del amor para abordar el tema que nos ocupa. El amor cortés, extático, implica la relación con un otro absoluto. En el Seminario 3 Lacan se interroga: “¿Qué diferencia a alguien que es psicótico de alguien que no lo es? La diferencia se debe a que es posible para el psicótico una relación amorosa que lo suprime como sujeto, en tanto admite una heterogeneidad radical del Otro. Pero ese amor es también un amor muerto.”
Con la pregunta “¿Qué tipo de relación tiene un sujeto con los otros?” Vaschetto recuerda la diferenciación entre el otro imaginario, el Otro simbólico y el otro real, el compañero inhumano, Das Ding (seminario 7 de Lacan), aquel otro que oculta el insondable abismo, esa alteridad radical que no puede ser domesticada. Desarrolla luego una reflexión acerca del amor de Dante por Beatriz en La divina comedia como lazo amoroso con un Otro absoluto.
Propone Vaschetto luego abordar el amor loco, las erotomanías psicóticas e histéricas, no poco frecuentes. Diferencia, siguiendo las enseñanzas de De Clérambault, los sujetos pasionales de los interpretativos. El pasional cuenta con el siguiente postulado: “El otro me ama o es quien más ama”. Si, al pasar del tiempo, el sujeto es llevado a la desilusión por no obtener respuesta, se produce el despecho, el rencor y, en ocasiones, el pasaje al acto: en lo real, la expiación del propio mal al reducir al otro a ese objeto y extraer de él ese kakón al que hacíamos referencia antes.
Más adelante propone ubicar del lado femenino, un costado loco, erotomaníaco y del lado masculino, algo más acotado, el “lado fetiche”, con la fijeza de goce que conlleva. El reverso de la forma erotomaníaca puede encontrarse en el estrago, que trae aparejado algo de lo ilimitado del rapto, de la devastación del cuerpo de la mujer, de la clínica que no tiene palabra.
El estrago es muy propio de esta época, una época signada por la errancia, ya que la declinación de la función paterna pone en primer plano la interrogación acerca de qué sucede con la histeria hoy, al ser esta un síntoma organizado alrededor del padre. El síntoma histérico está circunscripto, localizado. Por el contrario, el estrago está en sintonía con lo ilimitado del goce femenino, se presentifica en el pedido ilimitado, en la locura amorosa, el despojo de la vitalidad del cuerpo, en los estados de sideración. En el estrago la dimensión del cuerpo está en compromiso todo. Una referencia sobre este tema puede ser hallada en El rapto de Lol V Stein de Margarite Duras.
Vaschetto concluye con algunas reflexiones sobre la época actual, en la que se constata una dificultad contemporánea para el amor que tiene como consecuencia el extravío amoroso y propone conceptualizar una “clínica del extravío amoroso”. A partir de una referencia al film El marido de la peluquera, nos recuerda que el encuentro con el otro sexo es sintomático. En la película, la protagonista debe desaparecer por la vía del suicidio para lograr hacer existir no la relación sintomática sino la relación sexual.
Emilio Vaschetto cierra su exposición trayendo a colación el título del seminario de Lacan “Los no incautos yerran”, explicando que los incautos son los que se dejan engañar por su inconsciente. Si bien sería “ya flotar un poquito más alto”[1] saberse incautos que pretenderse no incautos, ni unos ni otros tienen nada asegurado en cuanto a extravíos amorosos, ya que todos yerran. ¡En materia de relación sexual hay extravío para todos, se trata de la clínica de “para todos errantes”!
[1] Seminario 21 (inédito) Clase 1
miércoles, 2 de marzo de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
CLASE DE ELENA LEVY YEYATI (Curso anual 2010) Ego VS. Sexo
Reseña de Virginia Girardi
La segunda clase del espacio del curso anual: “ Escritos, una aproximación intertextual” estuvo a cargo de la Dra Elena Levy Yeyati, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, de la Escuela de Orientación Lacaniana y del Centro Descartes.
El título de la clase Ego vs Sexo resulta de interés por lo que en el programa del Instituto Oscar Masotta son las clases dedicadas a la pulsión en Freud y a través de la lectura que hace Lacan del tema.
El momento de la enseñanza de Lacan que surge del escrito “ Del Trieb de Freud y del deseo del analista” corresponde con los días previos a la publicación del Seminario 11, “ Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, siendo este seminario el primero que va a dictar fuera de la IPA.
Este escrito propone la recopilación de sus intervenciones en un congreso que transcurre en Roma en 1964 y en el que anticipa lo que va a resultar de apoyar la noción del deseo del psicoanalista en la noción de pulsión.
Otro motivo de interés para contextuar estas intervenciones es que éstas son hechas en Roma y hay ahí una coincidencia con "Función y campo de la palabra", clase que dicta en el Congreso de Roma cuando se produce la escisión de la Escuela Freudiana de París. Momento de ruptura en el cual Lacan vuelve a revisar los conceptos fundamentales del psicoanálisis y en el que, ya fuera de la IPA, se sostiene en su propio deseo para llevar adelante su enseñanza.
Roma, lugar particular para estas intervenciones, que tienen lugar en un congreso sobre técnica y casuística, con las implicancias de los problemas introducidos por la ética en los problemas de la ciencia , además de ser un ámbito religioso con las resonancias del discurso teológico. Notar ésto hace a la recuperación de los contextos de enunciación.
Ego vs. Sexo puso al deseo del analista en el centro del interés en tanto lugar de enunciación, posición que el analista toma para hacer de una praxis un modo de operar y de los conceptos psicoanalíticos algo más que enunciados o definiciones. Así como Schreber se formuló como un caso para el psicoanálisis por el deseo de Freud y el concepto de pulsión devino un montaje freudiano por este mismo deseo, Lacan señala la importancia de la recuperación de los contextos de enunciación cuando se enseña el psicoanálisis, fuera del dispositivo pero dentro del discurso analítico.
El deseo del analista articulado a la pulsión hace que se vincule a la producción del analista. La pulsión construida por Freud es a partir de la experiencia del inconsciente. Sólo a partir del análisis es que se puede hablar de pulsión y no de la pulsión en el mundo, en el universo o como una cosmovisión. Desde Lacan pulsión es un concepto engendrado en el contexto de una praxis. Esto relativiza su valor como enunciado y posibilita oponer el pensamiento psicologizante al deseo del analista. La libido no es el instinto sexual, la libido para Freud es la energética de las pulsiones sexuales para después extender esta energética a las pulsiones del yo. Los límites se borran. El ego ya no importa como función de síntesis, como yo autónomo sino un yo perturbado por lo sexual. Nuevamente el contexto y Lacan debatiendo y cuestionando a los psicólogos de la ego psychology que habían entronizado las funciones yoicas dentro del dispositivo analítico, funciones yoicas no tocadas por la sexualidad.
Al decir de Oscar Masotta, Lacan opone a la entronización del yo la idea de desfase como la imposibilidad de correspondencia o evolución. Los dualismos convergen, los dicotomías se borran, las cosas se anudan y son conciliación de contrarios. Principio del placer y principio de realidad devienen realidad psíquica para Freud, y según Lacan devienen realidad psíquica pero en la experiencia intersubjetiva del diálogo analítico. Otra vez el campo de la praxis. Lo que del analista hay comprometido en la realidad psíquica. Lo que de un análisis trasciende una terapéutica es el resultado de algo que de lo simbólico opera en lo real y una transformación de la satisfacción pulsional.
En el texto “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista”, intervenciones aisladas de Lacan recuperadas en el contexto nos llevan a pensar la importancia de conectar la praxis clínica con los dispositivos institucionales, borrar las dicotomías que dejan una cosa aislada de la otra e interrogar el deseo del analista a la luz de distintas lecturas y replantear lo que se cree ya entendido en alguna parte.
La segunda clase del espacio del curso anual: “ Escritos, una aproximación intertextual” estuvo a cargo de la Dra Elena Levy Yeyati, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, de la Escuela de Orientación Lacaniana y del Centro Descartes.
El título de la clase Ego vs Sexo resulta de interés por lo que en el programa del Instituto Oscar Masotta son las clases dedicadas a la pulsión en Freud y a través de la lectura que hace Lacan del tema.
El momento de la enseñanza de Lacan que surge del escrito “ Del Trieb de Freud y del deseo del analista” corresponde con los días previos a la publicación del Seminario 11, “ Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, siendo este seminario el primero que va a dictar fuera de la IPA.
Este escrito propone la recopilación de sus intervenciones en un congreso que transcurre en Roma en 1964 y en el que anticipa lo que va a resultar de apoyar la noción del deseo del psicoanalista en la noción de pulsión.
Otro motivo de interés para contextuar estas intervenciones es que éstas son hechas en Roma y hay ahí una coincidencia con "Función y campo de la palabra", clase que dicta en el Congreso de Roma cuando se produce la escisión de la Escuela Freudiana de París. Momento de ruptura en el cual Lacan vuelve a revisar los conceptos fundamentales del psicoanálisis y en el que, ya fuera de la IPA, se sostiene en su propio deseo para llevar adelante su enseñanza.
Roma, lugar particular para estas intervenciones, que tienen lugar en un congreso sobre técnica y casuística, con las implicancias de los problemas introducidos por la ética en los problemas de la ciencia , además de ser un ámbito religioso con las resonancias del discurso teológico. Notar ésto hace a la recuperación de los contextos de enunciación.
Ego vs. Sexo puso al deseo del analista en el centro del interés en tanto lugar de enunciación, posición que el analista toma para hacer de una praxis un modo de operar y de los conceptos psicoanalíticos algo más que enunciados o definiciones. Así como Schreber se formuló como un caso para el psicoanálisis por el deseo de Freud y el concepto de pulsión devino un montaje freudiano por este mismo deseo, Lacan señala la importancia de la recuperación de los contextos de enunciación cuando se enseña el psicoanálisis, fuera del dispositivo pero dentro del discurso analítico.
El deseo del analista articulado a la pulsión hace que se vincule a la producción del analista. La pulsión construida por Freud es a partir de la experiencia del inconsciente. Sólo a partir del análisis es que se puede hablar de pulsión y no de la pulsión en el mundo, en el universo o como una cosmovisión. Desde Lacan pulsión es un concepto engendrado en el contexto de una praxis. Esto relativiza su valor como enunciado y posibilita oponer el pensamiento psicologizante al deseo del analista. La libido no es el instinto sexual, la libido para Freud es la energética de las pulsiones sexuales para después extender esta energética a las pulsiones del yo. Los límites se borran. El ego ya no importa como función de síntesis, como yo autónomo sino un yo perturbado por lo sexual. Nuevamente el contexto y Lacan debatiendo y cuestionando a los psicólogos de la ego psychology que habían entronizado las funciones yoicas dentro del dispositivo analítico, funciones yoicas no tocadas por la sexualidad.
Al decir de Oscar Masotta, Lacan opone a la entronización del yo la idea de desfase como la imposibilidad de correspondencia o evolución. Los dualismos convergen, los dicotomías se borran, las cosas se anudan y son conciliación de contrarios. Principio del placer y principio de realidad devienen realidad psíquica para Freud, y según Lacan devienen realidad psíquica pero en la experiencia intersubjetiva del diálogo analítico. Otra vez el campo de la praxis. Lo que del analista hay comprometido en la realidad psíquica. Lo que de un análisis trasciende una terapéutica es el resultado de algo que de lo simbólico opera en lo real y una transformación de la satisfacción pulsional.
En el texto “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista”, intervenciones aisladas de Lacan recuperadas en el contexto nos llevan a pensar la importancia de conectar la praxis clínica con los dispositivos institucionales, borrar las dicotomías que dejan una cosa aislada de la otra e interrogar el deseo del analista a la luz de distintas lecturas y replantear lo que se cree ya entendido en alguna parte.
miércoles, 16 de febrero de 2011
¿Para qué sirve el psicoanálisis? Clase de Germán García
Primera clase del curso anual del IOM (2010)
Reseña de Verónica Ortiz
El 14 de mayo Germán García volvió a la biblioteca de San Fernando, en el marco de la primera clase del curso anual del programa 2010 del Instituto Oscar Masotta. Su ponencia, ¿Para qué sirve el psicoanálisis? fue seguida atentamente por la audiencia presente.
Comienza recogiendo el guante con el título mismo de su clase, al proponer dar respuesta a una pregunta que con frecuencia se escucha en la calle, cabalgando entre sorna y descalificación: ¿para qué sirve el psicoanálisis?
Y, seguro de que una pregunta siempre encierra en su propia formulación la respuesta, propone despejar los términos utilizados: el verbo servir responde a una lógica utilitaria que supone la premisa que sería bueno lograr el mayor beneficio con el menor esfuerzo, en consonancia con el modo pragmático del pueblo inglés que la vio nacer.
Sin embargo, debe haber cosas que no sirven para nada que, no obstante esto, hacen al placer de la vida… Se trata de ética, de la discusión acerca de formas de vida. Entonces, si repreguntamos ¿para qué sirve?, esta vez, ¿para qué sirve… saber ética?, es en este punto que Germán García realiza una sorprendente inversión: no es que uno sabe ética sino que la ética lo sabe a uno. Se puede ser analfabeto pero basta con hablar una lengua para que ésta transporte configuraciones mentales, formas de vida, significaciones, sin que se entere su usuario. Por ejemplo, se puede conocer el sentido semántico de las palabras padre, madre e hijo pero sería difícil describir un sistema parental y mucho más aún contar con una hipótesis clara sobre qué función cumple una cultura familiar.
En esta línea, Jacques Lacan sostenía que el goce no sirve para nada. Pero su ausencia haría vano el universo…, agrega García.
El problema del que se trata es que nuestra especie humana no cuenta ya con el saber automático del instinto. Y eso se debe al lenguaje. No hay certeza alguna a la hora de determinar el origen del lenguaje. Germán García recuerda una tesis de Charles Darwin acerca de este punto: habría comenzado siendo un llamado sexual. Reaparece aquí nuestra pregunta: ¿para qué sirve… el lenguaje? Según García, los más optimistas creen que sirve para colaborar con el otro, para comunicar. A esto respondemos con cierto pesimismo psicoanalítico: también sirve para engañar, para mentir, para embaucar.
Entonces, resulta bastante insondable la pregunta ¿para qué sirve algo? Tanto, que en el campo de la religión, la iglesia católica se vio obligada a condenar el suicidio bajo el siguiente concepto de propiedad: el cuerpo es de Dios. Por lo tanto, el lenguaje permite también suicidarse. Somos, como señalaba Georg Hegel, la única especie que puede anticipar su muerte e incluso lograr que sirva para algo, al modo de los terroristas mártires.
Siempre en el terreno de la religión, si “Desde el principio era el verbo y el verbo era Dios.”, entonces, sin el verbo, sin el lenguaje, tampoco habría Dios.
En la especie humana no se trata de instinto sino de pulsión (trieb). Y García afirma con contundencia, “Si el instinto orienta al animal, la pulsión desorienta al humano.” El ser humano no nace orientado, ni siquiera orientado por la anatomía de su cuerpo. Hay personas que, de buena fe, creen que basta con las identificaciones. Pero en ocasiones el sujeto se orienta no por la imitación sino por la oposición al modelo que tiene frente de sí, como un modo de nombrarse.
Germán García continúa su charla situando al psicoanálisis como algo histórico, que nació y que va a desaparecer. Surge en un momento determinado. Jacques Lacan plantea que no hubiese sucedido sin la existencia de la ciencia (la física, la aparición de las grandes leyes, Copérnico, Galileo). Si bien siempre se hicieron reflexiones acerca del deseo, por ejemplo, tales reflexiones se enmarcaban bajo la égida de la moral. En el siglo XVIII se dio la “liberación naturalista del deseo”. Los ilustrados de ese siglo creían que había un instinto humano sano, noble, fraternal que se deformaba por la incidencia de la religión. Si se pensaba racionalmente, y no religiosamente, se reencontraría ese ser natural. Sin embargo, señala García, en el siglo XIX “no apareció un Tratado sobre la Felicidad sino ¡un tratado de psicopatología sexual! (Krafft.Ebing)”.
Esta afirmación lacaniana -que el psicoanálisis no habría sido posible por fuera del discurso científico- se apoya en el pensamiento cartesiano, que Germán García enuncia así: “Si uso la razón- y suponemos que el ser se define por ser racional- retorno entonces al hombre original, ya no deformado por ninguna tradición”. Esta idea de la racionalidad desemboca en el pensamiento común “nada es sin razón” que, paradójicamente ¡es la neurosis! “Nada es sin razón” no se verifica científicamente, ya que la ciencia descubre en forma permanente que existen cantidades de cosas que son azarosas. “La idea de que el mundo es racional parece muy racional siempre que no pensemos qué quiere decir racional: que no hay nada que no tenga una causa”, dice García.
La clase va arrimándose a la respuesta a la pregunta que la causó, con un ejemplo: el neurótico dice “mi vida no tiene sentido”, lo que puede tornarse tan serio como para quitársela debido a eso. Con un poco de semántica- dice García- podría preguntarse qué problema habría… los chistes tampoco tienen sentido pero son muy divertidos. El neurótico pone algo ahí, en no tiene “sentido”, y queda desorientado por una palabra.
¿Para qué sirve el psicoanálisis, entonces? Para orientarse… en el deseo. Es una respuesta posible cuando alguien la pasa mal consigo mismo, no por maldades que le inflija un tercero, sino por las que se dirige a sí mismo en nombre de Dios, del bien, de algún ideal. Así como Immanuel Kant pensaba que había que orientarse en el pensamiento, la propuesta de Sigmund Freud es orientarse en el deseo. El inconsciente tiene sus propias representaciones meta y esas metas tienen que ver con la satisfacción, aunque también, con un más allá de la satisfacción… ¡pero ese será el tema en otra ocasión!
Reseña de Verónica Ortiz
El 14 de mayo Germán García volvió a la biblioteca de San Fernando, en el marco de la primera clase del curso anual del programa 2010 del Instituto Oscar Masotta. Su ponencia, ¿Para qué sirve el psicoanálisis? fue seguida atentamente por la audiencia presente.
Comienza recogiendo el guante con el título mismo de su clase, al proponer dar respuesta a una pregunta que con frecuencia se escucha en la calle, cabalgando entre sorna y descalificación: ¿para qué sirve el psicoanálisis?
Y, seguro de que una pregunta siempre encierra en su propia formulación la respuesta, propone despejar los términos utilizados: el verbo servir responde a una lógica utilitaria que supone la premisa que sería bueno lograr el mayor beneficio con el menor esfuerzo, en consonancia con el modo pragmático del pueblo inglés que la vio nacer.
Sin embargo, debe haber cosas que no sirven para nada que, no obstante esto, hacen al placer de la vida… Se trata de ética, de la discusión acerca de formas de vida. Entonces, si repreguntamos ¿para qué sirve?, esta vez, ¿para qué sirve… saber ética?, es en este punto que Germán García realiza una sorprendente inversión: no es que uno sabe ética sino que la ética lo sabe a uno. Se puede ser analfabeto pero basta con hablar una lengua para que ésta transporte configuraciones mentales, formas de vida, significaciones, sin que se entere su usuario. Por ejemplo, se puede conocer el sentido semántico de las palabras padre, madre e hijo pero sería difícil describir un sistema parental y mucho más aún contar con una hipótesis clara sobre qué función cumple una cultura familiar.
En esta línea, Jacques Lacan sostenía que el goce no sirve para nada. Pero su ausencia haría vano el universo…, agrega García.
El problema del que se trata es que nuestra especie humana no cuenta ya con el saber automático del instinto. Y eso se debe al lenguaje. No hay certeza alguna a la hora de determinar el origen del lenguaje. Germán García recuerda una tesis de Charles Darwin acerca de este punto: habría comenzado siendo un llamado sexual. Reaparece aquí nuestra pregunta: ¿para qué sirve… el lenguaje? Según García, los más optimistas creen que sirve para colaborar con el otro, para comunicar. A esto respondemos con cierto pesimismo psicoanalítico: también sirve para engañar, para mentir, para embaucar.
Entonces, resulta bastante insondable la pregunta ¿para qué sirve algo? Tanto, que en el campo de la religión, la iglesia católica se vio obligada a condenar el suicidio bajo el siguiente concepto de propiedad: el cuerpo es de Dios. Por lo tanto, el lenguaje permite también suicidarse. Somos, como señalaba Georg Hegel, la única especie que puede anticipar su muerte e incluso lograr que sirva para algo, al modo de los terroristas mártires.
Siempre en el terreno de la religión, si “Desde el principio era el verbo y el verbo era Dios.”, entonces, sin el verbo, sin el lenguaje, tampoco habría Dios.
En la especie humana no se trata de instinto sino de pulsión (trieb). Y García afirma con contundencia, “Si el instinto orienta al animal, la pulsión desorienta al humano.” El ser humano no nace orientado, ni siquiera orientado por la anatomía de su cuerpo. Hay personas que, de buena fe, creen que basta con las identificaciones. Pero en ocasiones el sujeto se orienta no por la imitación sino por la oposición al modelo que tiene frente de sí, como un modo de nombrarse.
Germán García continúa su charla situando al psicoanálisis como algo histórico, que nació y que va a desaparecer. Surge en un momento determinado. Jacques Lacan plantea que no hubiese sucedido sin la existencia de la ciencia (la física, la aparición de las grandes leyes, Copérnico, Galileo). Si bien siempre se hicieron reflexiones acerca del deseo, por ejemplo, tales reflexiones se enmarcaban bajo la égida de la moral. En el siglo XVIII se dio la “liberación naturalista del deseo”. Los ilustrados de ese siglo creían que había un instinto humano sano, noble, fraternal que se deformaba por la incidencia de la religión. Si se pensaba racionalmente, y no religiosamente, se reencontraría ese ser natural. Sin embargo, señala García, en el siglo XIX “no apareció un Tratado sobre la Felicidad sino ¡un tratado de psicopatología sexual! (Krafft.Ebing)”.
Esta afirmación lacaniana -que el psicoanálisis no habría sido posible por fuera del discurso científico- se apoya en el pensamiento cartesiano, que Germán García enuncia así: “Si uso la razón- y suponemos que el ser se define por ser racional- retorno entonces al hombre original, ya no deformado por ninguna tradición”. Esta idea de la racionalidad desemboca en el pensamiento común “nada es sin razón” que, paradójicamente ¡es la neurosis! “Nada es sin razón” no se verifica científicamente, ya que la ciencia descubre en forma permanente que existen cantidades de cosas que son azarosas. “La idea de que el mundo es racional parece muy racional siempre que no pensemos qué quiere decir racional: que no hay nada que no tenga una causa”, dice García.
La clase va arrimándose a la respuesta a la pregunta que la causó, con un ejemplo: el neurótico dice “mi vida no tiene sentido”, lo que puede tornarse tan serio como para quitársela debido a eso. Con un poco de semántica- dice García- podría preguntarse qué problema habría… los chistes tampoco tienen sentido pero son muy divertidos. El neurótico pone algo ahí, en no tiene “sentido”, y queda desorientado por una palabra.
¿Para qué sirve el psicoanálisis, entonces? Para orientarse… en el deseo. Es una respuesta posible cuando alguien la pasa mal consigo mismo, no por maldades que le inflija un tercero, sino por las que se dirige a sí mismo en nombre de Dios, del bien, de algún ideal. Así como Immanuel Kant pensaba que había que orientarse en el pensamiento, la propuesta de Sigmund Freud es orientarse en el deseo. El inconsciente tiene sus propias representaciones meta y esas metas tienen que ver con la satisfacción, aunque también, con un más allá de la satisfacción… ¡pero ese será el tema en otra ocasión!
martes, 8 de febrero de 2011
Polémica sobre psicoanálisis y política en la Argentina
En este número de Respuestas, acercamos a nuestros lectores extractos de textos de Germán García, en el marco de la Polémica sobre psicoanálisis y política en la Argentina (publicado originalmente en Los Libros en 1972, y reeditado por Asociación Amigos de la Fundación Descartes, en De Archivo Nº1). La propuesta es conocer el debate que en los años ’70 se daba alrededor de la práctica del psicoanálisis y su continuidad o disyunción respecto de las prácticas políticas. En este caso seleccionamos algunas partes de lo que Germán García debate con Gregorio Baremblitt.
“Si el psicoanálisis fuese una pedagogía los analistas solamente deberían ser hombres de bien, buenas personas, capaces de transmitir ideales suficientemente humanos, etc.”(…)
“La protesta idealista contra el caos del mundo –escribía Lacan recordando a Hegel- delata de forma invertida la manera en que los que protestan se las arreglan para vivir en ese mismo caos. Efectivamente, ¿cómo se pudo vender durante tanto tiempo eso que agita a tantas bellas almas?”(…)
“En 1936 Binswanger incitaba a Freud a que cambiase las verdades que descubría por una perspectiva más elevada, por una actitud más ligada al bien. No se trataba de la política, sino de la religión. Freud responde: “Siempre he vivido en el piso bajo y hasta en el sótano del edificio, mientras que usted mantiene que al modificar la perspectiva puede vislumbrarse un piso superior que alberga huéspedes distinguidos como la religión, el arte, etc. No es el único, y los demás cultivados representantes de la homonatura comparten su modo de pensar. En este aspecto es usted el conservador y yo el revolucionario. Si tuviera ante mí otra vida de trabajo me atrevería a ofrecer, incluso a estos personajes de alta cuna, un hogar en mi sórdida cabaña”” (…)
“Freud, al parecer conocía la especificidad de su descubrimiento. ¿Y si el psicoanálisis no tuviese ningún bien que ofrecer a esta u otra sociedad, exceptuando su posibilidad de dar cuenta de la estructura del deseo, aún en lo que ésta tenga de asocial?”(…)
“¿El psicoanálisis contra la revolución? No. Se trata de no ahogar en la declamación política –ni en la práctica- ese otro ámbito de la revolución psicoanalítica: el análisis del deseo a partir de la escisión que funda al sujeto como carente y deslizándose, por esto mismo, por los espejismos de su conciencia, precipitándose en las certezas imaginarias que su yo le propone para negar las huellas, siempre presentes, de la escisión que lo constituye como sujeto humano.”(…)
(Entonces) “...cuando se habla del campo psicoanalítico, tanto la compulsión como la negación política deben ser analizadas.”(…)
“Si el psicoanálisis fuese una pedagogía los analistas solamente deberían ser hombres de bien, buenas personas, capaces de transmitir ideales suficientemente humanos, etc.”(…)
“La protesta idealista contra el caos del mundo –escribía Lacan recordando a Hegel- delata de forma invertida la manera en que los que protestan se las arreglan para vivir en ese mismo caos. Efectivamente, ¿cómo se pudo vender durante tanto tiempo eso que agita a tantas bellas almas?”(…)
“En 1936 Binswanger incitaba a Freud a que cambiase las verdades que descubría por una perspectiva más elevada, por una actitud más ligada al bien. No se trataba de la política, sino de la religión. Freud responde: “Siempre he vivido en el piso bajo y hasta en el sótano del edificio, mientras que usted mantiene que al modificar la perspectiva puede vislumbrarse un piso superior que alberga huéspedes distinguidos como la religión, el arte, etc. No es el único, y los demás cultivados representantes de la homonatura comparten su modo de pensar. En este aspecto es usted el conservador y yo el revolucionario. Si tuviera ante mí otra vida de trabajo me atrevería a ofrecer, incluso a estos personajes de alta cuna, un hogar en mi sórdida cabaña”” (…)
“Freud, al parecer conocía la especificidad de su descubrimiento. ¿Y si el psicoanálisis no tuviese ningún bien que ofrecer a esta u otra sociedad, exceptuando su posibilidad de dar cuenta de la estructura del deseo, aún en lo que ésta tenga de asocial?”(…)
“¿El psicoanálisis contra la revolución? No. Se trata de no ahogar en la declamación política –ni en la práctica- ese otro ámbito de la revolución psicoanalítica: el análisis del deseo a partir de la escisión que funda al sujeto como carente y deslizándose, por esto mismo, por los espejismos de su conciencia, precipitándose en las certezas imaginarias que su yo le propone para negar las huellas, siempre presentes, de la escisión que lo constituye como sujeto humano.”(…)
(Entonces) “...cuando se habla del campo psicoanalítico, tanto la compulsión como la negación política deben ser analizadas.”(…)
domingo, 16 de enero de 2011
RESPUESTAS NUMERO 5 EDITORIAL
Por Félix Chiaramonte
Hace algún tiempo, desde este lugar, trabajamos por una política, una ética y una clínica desde el psicoanálisis. Aquí en San Fernando, la experiencia de la Delegación del Instituto Oscar Masotta (IOM) continúa creciendo. A partir de la inquietud de algunos y de la interrogación que surge de la práctica, nos propusimos dar Respuestas analíticas a las cuestiones que se plantean en nuestra zona, en debates clínicos, sociales y culturales.
La actualidad del Psicoanálisis replantea las preguntas en cada investigación: ¿qué sujeto habla en las angustias de las mujeres, en los padecimientos de los niños, en los impasses de la educación, en los consumos que consumen a los adictos?
La clínica del uno por uno se contrapone a una colectivización de los discursos. Cada Módulo que se propone investigar una cuestión que afecta la práctica, que agujerea el sistema social con sus cuestionamientos, nos implica en la lectura. Leer una y otra vez como en el ejemplo que cita Germán García (1), de Introducción al Talmud, de Avin Steinsols, nos orienta: “Cuando un hombre determinado empieza a estudiar el Talmud siempre se encuentra en el centro de las cosas, sin que interese por donde comenzó. Solamente puede adquirir la capacidad de comprender mediante el estudio y la combinación de los datos, en general, cuanto más estudia mejor comprende lo que estudió antes, su comprensión crece constantemente, a medida que profundiza su análisis del material. Un par de estudiosos que analizaron cierto tratado complejo a su imaginación lo realizaron 40 veces y afirmaron que habían sentido que lo empezaban a comprender cuando lo leyeron por cuadragésima primera vez. Esta convicción no refleja una humildad extrema ni se relaciona con la complejidad del tema, sino que se basa en la seguridad de que en cada nueva oportunidad el asunto adquiere nuevas dimensiones.”
La realización de grupos de lectura, módulos de investigación, conferencias y debates, permiten llegar a las nuevas dimensiones que surgen de algo repetitivo que produce sorpresas en el saber de cada uno. Aquellos que están dispuestos al encuentro con lo que fluye y despierta en los textos, son bienvenidos.
Y finalmente, en este año hemos logrado la creación de la Asociación de Psicoanálisis San Fernando que permite difundir, aun más, las actividades de la Delegación del IOM; es cierto que además se va consolidando la relación con otros actores sociales en la zona norte, por ejemplo el alentador intercambio con la Asociación Plurales www.pluralessanfernando.com.ar , una profundización del vínculo con la Biblioteca Madero, la difusión en los medios de comunicación zonales como el periódico virtual www.168horas.com.ar , FM Simphony de San Isidro, FM Fénix de Martínez, el suplemento Tigre-San Fernando del diario Clarín, FM Lares de Beccar, FM La Barca de San Fernando, y otros a los que les interesa la lectura y la atención analítica que la orientación lacaniana posibilita en la ciudad, para cada uno, y respecto de la cultura, en sus discursos y sus prácticas.
(1) Fundamentos de la clínica analítica, Otium Ediciones.
Hace algún tiempo, desde este lugar, trabajamos por una política, una ética y una clínica desde el psicoanálisis. Aquí en San Fernando, la experiencia de la Delegación del Instituto Oscar Masotta (IOM) continúa creciendo. A partir de la inquietud de algunos y de la interrogación que surge de la práctica, nos propusimos dar Respuestas analíticas a las cuestiones que se plantean en nuestra zona, en debates clínicos, sociales y culturales.
La actualidad del Psicoanálisis replantea las preguntas en cada investigación: ¿qué sujeto habla en las angustias de las mujeres, en los padecimientos de los niños, en los impasses de la educación, en los consumos que consumen a los adictos?
La clínica del uno por uno se contrapone a una colectivización de los discursos. Cada Módulo que se propone investigar una cuestión que afecta la práctica, que agujerea el sistema social con sus cuestionamientos, nos implica en la lectura. Leer una y otra vez como en el ejemplo que cita Germán García (1), de Introducción al Talmud, de Avin Steinsols, nos orienta: “Cuando un hombre determinado empieza a estudiar el Talmud siempre se encuentra en el centro de las cosas, sin que interese por donde comenzó. Solamente puede adquirir la capacidad de comprender mediante el estudio y la combinación de los datos, en general, cuanto más estudia mejor comprende lo que estudió antes, su comprensión crece constantemente, a medida que profundiza su análisis del material. Un par de estudiosos que analizaron cierto tratado complejo a su imaginación lo realizaron 40 veces y afirmaron que habían sentido que lo empezaban a comprender cuando lo leyeron por cuadragésima primera vez. Esta convicción no refleja una humildad extrema ni se relaciona con la complejidad del tema, sino que se basa en la seguridad de que en cada nueva oportunidad el asunto adquiere nuevas dimensiones.”
La realización de grupos de lectura, módulos de investigación, conferencias y debates, permiten llegar a las nuevas dimensiones que surgen de algo repetitivo que produce sorpresas en el saber de cada uno. Aquellos que están dispuestos al encuentro con lo que fluye y despierta en los textos, son bienvenidos.
Y finalmente, en este año hemos logrado la creación de la Asociación de Psicoanálisis San Fernando que permite difundir, aun más, las actividades de la Delegación del IOM; es cierto que además se va consolidando la relación con otros actores sociales en la zona norte, por ejemplo el alentador intercambio con la Asociación Plurales www.pluralessanfernando.com.ar , una profundización del vínculo con la Biblioteca Madero, la difusión en los medios de comunicación zonales como el periódico virtual www.168horas.com.ar , FM Simphony de San Isidro, FM Fénix de Martínez, el suplemento Tigre-San Fernando del diario Clarín, FM Lares de Beccar, FM La Barca de San Fernando, y otros a los que les interesa la lectura y la atención analítica que la orientación lacaniana posibilita en la ciudad, para cada uno, y respecto de la cultura, en sus discursos y sus prácticas.
(1) Fundamentos de la clínica analítica, Otium Ediciones.
lunes, 11 de octubre de 2010
Formación analítica y experiencia del psicoanálisis-Gustavo González
Formación analítica y experiencia del psicoanálisis (1)
Como he demostrado antes, esta producción,(la del discurso analítico) la mas loca, no es enseñable, como lo hemos comprobado, pero no nos libra de la hipoteca del saber.
Jacques Lacan Alocución sobre la enseñanza
Jacques A Miller en una exposición en el Centro Descartes en el año 2001 hace una lista con 9 adjetivos para calificar la palabra comunidad cuando se trata de la comunidad analítica: cómica-lógica-operativa-trágica-dionisíaca-cínica-epistémica- inconsciente-exquisita. Me ha tocado el adjetivo epistémica y para ello voy a retomar el título de las jornadas “Formación analítica y experiencia del análisis” .Como podemos ver tenemos ahí dos aspectos separados, al menos propedéuticamente. Que no se pueda ser enseñado mas allá del propio saber producido en la experiencia, es algo que conecta estos aspectos de manera particular y hace compleja esta relación para el psicoanálisis, con sus inclusiones y sus imposibilidades. ¿Es la experiencia un subconjunto del conjunto mayor que sería la formación? O son dos polos de un continuo en el que uno alude a la práctica y la otra a la teoría. En el primer caso ¿toda la experiencia puede entrar en la formación, o es formalizable en su totalidad?
Heidegger y la experiencia del habla
M Heidegger en unas conferencias que pronuncia en 1957 publicadas como “La esencia del habla”, comienza describiendo que es una experiencia:
“ hacer una experiencia con algo- sea una cosa, un ser humano, un dios -significa que algo nos acaece, nos alcanza; que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma.”
El sujeto no es agente del acto sino determinado por el mismo.
”Hacer una experiencia no implica que nosotros la hagamos acaecer, hacer significa aquí sufrir, padecer, tomar lo que nos alcanza receptivamente, aceptar en la medida que nos sometemos ¿a ello. Algo se hace, adviene, tiene lugar.”
En lo que se refiere a lo que interesa al psicoanálisis, hacer una experiencia con el habla, dice:
“quiere decir dejarnos abordar en lo propio por la interpelación del habla, entrando y sometiéndonos a ella” y mas adelante “Nosotros que hablamos el habla podemos ser transformados por tales experiencias de un día para el otro, o en el transcurso del tiempo”. Recordemos que para Heidegger el ser humano, lo sepa o no, tiene por morada de su existencia la propia habla.
Luego de esto, la aclaración siguiente en la que reaparecen los polos presentes en el título de las jornadas:
“El hacer una experiencia con el habla es algo distinto a la adquisición de conocimientos sobre el habla”
Esto no quita valor a la investigación científica y filosófica sobre las lenguas y el habla, que a su modo, enseña en todo momento cosas útiles pero:
“la información científica y filosófica sobre el habla es una cosa: y otra, una experiencia que hagamos con el habla”
Como se ve Jacques Lacan no descuidó ni una ni otra.
Volviendo a la experiencia con el habla, Heidegger dice el habla habla allí donde no encontramos la palabra adecuada, cuando algo nos concierne, nos arrastra, nos oprime o nos anima. Pero vivimos y no prestamos atención a estos momentos donde el habla nos ha rozado. Esto permite el hablar cotidiano.
“Únicamente porque en el hablar cotidiano el habla misma no llega nunca al habla, sino que se retiene, estamos precisamente capacitados para hablar un habla”
Y por último “ en la experiencias que hagamos con el habla el habla misma se lleva al habla” Bueno quizá nos sea mas familiar, aunque curiosamente lo entendamos menos, si decimos “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha.”
Como ejemplo de llevar al habla una experiencia con el habla, Heidegger no toma un testimonio de análisis sino un breve poema, obviamente, de un poeta alemán Stefan George, cuya lectura recomiendo.
Luego de este breve pasaje por su texto, (habría que precisar mejor la cuestión para ver), surge la pregunta ¿Porqué Heidegger no quería saber nada con el psicoanálisis, por lo menos tal cual se lo ofrecía Jacques Lacan? Quien en un pequeño pasaje dice que ha querido visitar a Heidegger, hacerle un pequeño signo, hay algo en él, como un presentimiento, pero no es mas que eso, porque Freud, eso no le interesa.
Freud: la dificultad afectiva y no intelectual
Freud se encontró con este problema para el avance del psicoanálisis, la dificultad para que este saber, que obtenía de la experiencia desde su novedoso método, “pase” (tomando una expresión de Jaques Lacan). En un artículo de 1917 llamado Una dificultad del psicoanálisis dice “Desde el comienzo mismo quiero decir que no me refiero a una dificultad intelectual, algo que impidiera al receptor (oyente o lector) entender el psicoanálisis, sino a una dificultad afectiva: algo por lo cual el psicoanálisis se enajena los sentimientos del receptor disuadiéndolo de prestarle interés o creencia”. Como se ve, el problema no es epistémico.
Si fuera un problema epistémico, de horror a lo nuevo tal como lo analiza en otro texto llamado las “Las resistencias al psicoanálisis”, el tono de las protestas contra el psicoanálisis no serían estallidos de indignación, burla y escarnio, no son las resistencia intelectuales sino que se han tocado otros poderes.
Es en éste mismo artículo donde aparece algo bastante repetido en psicoanálisis, y es la serie que arma ubicando al psicoanálisis junto a la revolución que se atribuye a Copérnico, y a la revolución darwiniana. Freud, explica estas resistencias a las posteriores revoluciones, la copernicana, la darwiniana y la psicoanalítica por producirse, como golpes al narcisismo del ser humano. Mas allá del éxito mediático que han tenido, los ejemplos son discutibles, apoyados en el par resistencia revolución, la revolución copernicana no molestó demasiado el narcisismo humano, salvo a la iglesia, como tampoco lo hizo la teoría darwiniana de la evolución que pone al hombre en el lugar más alto de la escala animal . Pero volviendo al psicoanálisis Freud, al menos en este momento, cree que eso va a andar, y espera igual suerte para el psicoanálisis que para las otras dos supuestas revoluciones, mas tarde o mas temprano lo que él llama “las indeseables verdades” que el psicoanálisis tiene para ofrecerle al mundo hallaran el mismo destino, solo hay que esperar.
No parece ser esto lo que ha ocurrido con el psicoanálisis, sino más bien lo contrario, y esta es la tesis de Lacan, cada vez que parece imponerse en la civilización algo del saber del psicoanálisis, aparece metabolizado, extrapolado a un discurso que quita las consecuencias que tiene en el que fue producido y es esta “traducción” la que permite que pase como un saber entre otros. Pero lo que no pasa cómodamente, ¿es el el contenido de ese saber que ataca el narcisismo del ser humano con las protestas del pretendido YO?, o se refiere a la función y a al estatuto de este saber producido en este nuevo discurso. ¿Sería igual si ese saber fuera el de la adaptación, y no un saber que lo despista?
Lacan discurso analítico discurso universitario.
La tensión entre lo que acontece en la experiencia y lo que de ella puede llegar a ser episteme , es decir saber expuesto ligado por una coherencia formal y tranparente para sí mismo, está presente en toda la obra de Lacan pero fue muy desarrollada por él en la época de la producción de los discursos. El paradigma del saber expuesto sería lo que llama discurso universitario. Para esa época ya había muchos intentos de tesis universitarias sobre Lacan, también el uso del grafo en varios campos de la enseñanza universitaria, y Lacan empieza a medir ahí, la distorsión que se produce en la importación (traducción) de algo que es producido en un discurso que tiene sus propias leyes.
S2 a
S1 $
Son varias las consecuencias que se pueden extraer de la distribución de esas 4 letras: el semblante de saber en el lugar del agente, los enseñados como objetos, “los pichones de amo” en el lugar del Otro; sujetos desidentificados en el lugar de la producción (imposibilidad entre S1 y $) pero señalo especialmente para la ocasión, el S1 debajo del S2 indicando la aparición del poder político en el lugar de la verdad, debajo de la apariencia del saber en juego,“receta de familia” lo llamó al comentar unos escándalos por manipulación de designaciones en Oxford y Cambridge.
Al que le interese investigarlo los ejemplos de la distorsión que, según Lacan, se produce son muchos: la crítica a Politzer (El S1 como yo trascendental en el lugar de la verdad y debajo del semblante de saber), el prefacio a la tesis universitaria de Anitta Rifken, pero en el que más insiste Lacan es en el caso de dos de sus alumnos, muy formados por la universidad, a las cuales se refiere como “mis dos eles”(Leclaire y Laplanche) que presentan en Bouneval el hoy conocido trabajo sobre el Inconsciente. El resultado de lo expuesto por ellos y la distorsión que introduce es bien conocida, el inconsciente es la condición del lenguaje, que falsea lo que Lacan trata de transmitir el lenguaje es la condición del inconsciente. Como se podría demostrar analizando más en detalle el caso, el inconsciente pasaría a ser un metalenguaje del lenguaje. Retomando la oposición del comienzo tenemos entonces que los conocimientos sobre la lengua también pueden ser barrera a la trasmisión de la experiencia, vuelvo a citar a Heidegger “La filosofía científica que persigue la producción de este «super-lenguaje» se entiende consecuentemente a sí misma como metalingüística. Esta expresión suena a metafísica pero no sólo suena como ella: es como ella.
El discurso universitario no es el que se da en la universidad, ni el analítico en la comunidad analítica, puede haber discurso universitario en la comunidad analítica, y enseñanza, en el sentido de Lacan que la adjetivaba como digna de tal nombre, en la universidad. El curso de lingüística de Saussure se dictó en la universidad de Ginebra, el curso de Kojeve en la escuela de altos estudios de París, también los cursos de M Foucault; Lacan mismo luego de ser albergado durante años en los márgenes de la universidad terminó aceptando un departamento dentro de ella, y actualmente J.A. Miller en el departamento de psicoanálisis en Paris. Tenemos por otro lado una indicación de Lacan, que habría que discutir en otro contexto, pero que amortigua algo sus críticas: el discurso universitario también posibilita al analítico. La idea de norma, que no estaba en la antigüedad, surge con éste discurso y permite la clínica de Freud.
Como dije mas arriba el tema no es tanto renunciar a producir un saber sobre la experiencia que pueda ser expuesto, sino de precisar sus límites y lo que se pierde de uno al otro. JAMiller, en el texto que hemos tomado como referencia, pregunta hasta donde podemos avanzar por el lado del saber expuesto, dando por sentado que hay un límite, y que él formula ahí como razones de estructura.
La cantidad de aclaraciones del mismo Lacan, hay muchísimas, menciono solo una: “Por lo tanto, sé lo que debo repetir, de encontrarme atrapado en un giro universitario, para no cometer la equivocación de vaciarla del acto que la ha creado”, para que su enseñanza no caiga bajo las leyes del discurso universitario, creo que indican también su proximidad. La forma en que desalienta cualquier iniciativa de tesis universitaria, pronosticando malos resultados para cualquiera que lo intente, creo indica el temor de lo que de su enseñanza se pierda (y seguramente de su nombre ya que en el discurso científico no importan los nombres de autor). Pero también creo que su esperanza de que el discurso analítico, con el acto como agente, pueda preservar lo que los otros discursos borran, declina. Germán García en uno de los capítulos de libro D´escolar recoge una frase del seminario sobre el Sinthome que termina de borrar la esperanza de aquel momento,” El inconsciente solo da huellas, y unas huellas que no solamente se borran solas, sino que “todo”(comillas mías) uso del discurso tiende a borrar, el discurso analítico como los otros. Y si la ampliándola un poco, Ustedes mismos no soñaran mas que con borrar las huellas del mío, puesto que soy yo quien ha comenzado a darle su estatuto a partir de hacer semblante del objeto a… Solamente un año antes, había incluido los otros tres en su lista exceptuando el analítico.
La enseñanza: el enseñante¬- analizante
En un texto titulado Alocución sobre la enseñanza, también en otros lugares, aparecen algunas aclaraciones que permiten situar como Lacan entendía lo que para él era una enseñanza. Ahí luego de hacer una apertura que intenta motivar a los participantes de ese congreso, cierra con su alocución final que es la publicada en Otros Escritos.
En un primer paso, para aclarar las confusiones que, según parece, se han producido en ese congreso, separa enseñanza de saber, una enseñanza podría estar hecha para producir una barrera al saber, algunos buenos pedagogos lo ilustran muy bien o, hay mas saber en el mundo de lo que la enseñanza se imagina. Recordemos que estamos en los años en que homologó el saber y el goce, y que postula que no puedo ser enseñado mas allá de mi saber, algo que en Freud aparecía por el lado del tiempo de la interpretación, no se puede interpretar algo que el sujeto no esté a punto de formular.
Luego ubica al enseñante como $ (S tachada), en división y como significante que lo representa ante otro significante, ¿quien sabe cual?, es cualquiera, pero basta que se sepa para que el sujeto salga del saber, deberá hacer su reentrada. Es en este movimiento que podemos hablar de enseñante en el sentido de Lacan (2). Se entiende mejor el “jamás he tenido un día siguiente para mi refugio”. Esta división en la posición de enseñante hizo que Lacan insistiera en su posición de analizante cuando enseñaba (proposición paradójica por cierto, habría que ver qué tipo de analizante sería?). Que hay Lacan contra Lacan en su misma obra, y es éste uno de los ejes de la lectura que J A Miller ha realizado, es lo que imposibilita una lectura “objetiva” al modo universitario, no queda otra que incluirse en la misma, no hay Lacan dijo, a lo sumo es posible algún digo que Lacan dijo, lo cual impediría, no digo impide porque las hay, pero deja en la impostura cualquier identificación con Lacan. Sabemos que una enseñanza, una vez conquistado un saber puede dedicarse a publicarlo, difundirlo, venderlo, y con un poco de suerte vivir toda una vida de aquel libro publicado, de aquel tema compuesto, el momento actual lo muestra bien con revaivals de revivals. Quizá podamos usar la expresión que él mismo Lacan usó para ejemplificar el empujón que recibe el animal, el viviente, para pasar a la escena donde se representa, “Fuego en el trasero”, sin permitir que el mismo saber que producía y dejaba caer hiciera de cierre a esa división. Si amenazó durante años y en varios momentos con interrumpir su enseñanza, parecería que este mismo proceso no se lo permitió.
Gustavo González
(1) Exposición en las jornadas “Formación analítica y experiencia del análisis” año 2008
(2) Posteriormente a la exposición del trabajo encontré en J C Milner, una clarificadora alusión al tema : Al igual que con el científico, el discurso universitario anula la categoría de maestro, insustituible, hay como mucho profesores, de los que se espera no actúen como sujetos, sustituibles unos por otros, al igual que los científicos, no entran sus características personales, salvo aquellas que no alteren su buen funcionamiento “olores marchitos, colores grisáceos, modos anodinos, es lo que se espera cuando todo es cuestión de posición, no de sujeto”. La actual proliferación de maestrías en psicoanálisis sería según Milner un bello ejemplo del sentido antitético de las palabras primitivas. Cabe aclarar que por vía del matema Lacan quiso ubicar el psicoanálisis en esta línea, momento en que declara la posición antifilosófica y toma lugar en la universidad.
Como he demostrado antes, esta producción,(la del discurso analítico) la mas loca, no es enseñable, como lo hemos comprobado, pero no nos libra de la hipoteca del saber.
Jacques Lacan Alocución sobre la enseñanza
Jacques A Miller en una exposición en el Centro Descartes en el año 2001 hace una lista con 9 adjetivos para calificar la palabra comunidad cuando se trata de la comunidad analítica: cómica-lógica-operativa-trágica-dionisíaca-cínica-epistémica- inconsciente-exquisita. Me ha tocado el adjetivo epistémica y para ello voy a retomar el título de las jornadas “Formación analítica y experiencia del análisis” .Como podemos ver tenemos ahí dos aspectos separados, al menos propedéuticamente. Que no se pueda ser enseñado mas allá del propio saber producido en la experiencia, es algo que conecta estos aspectos de manera particular y hace compleja esta relación para el psicoanálisis, con sus inclusiones y sus imposibilidades. ¿Es la experiencia un subconjunto del conjunto mayor que sería la formación? O son dos polos de un continuo en el que uno alude a la práctica y la otra a la teoría. En el primer caso ¿toda la experiencia puede entrar en la formación, o es formalizable en su totalidad?
Heidegger y la experiencia del habla
M Heidegger en unas conferencias que pronuncia en 1957 publicadas como “La esencia del habla”, comienza describiendo que es una experiencia:
“ hacer una experiencia con algo- sea una cosa, un ser humano, un dios -significa que algo nos acaece, nos alcanza; que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma.”
El sujeto no es agente del acto sino determinado por el mismo.
”Hacer una experiencia no implica que nosotros la hagamos acaecer, hacer significa aquí sufrir, padecer, tomar lo que nos alcanza receptivamente, aceptar en la medida que nos sometemos ¿a ello. Algo se hace, adviene, tiene lugar.”
En lo que se refiere a lo que interesa al psicoanálisis, hacer una experiencia con el habla, dice:
“quiere decir dejarnos abordar en lo propio por la interpelación del habla, entrando y sometiéndonos a ella” y mas adelante “Nosotros que hablamos el habla podemos ser transformados por tales experiencias de un día para el otro, o en el transcurso del tiempo”. Recordemos que para Heidegger el ser humano, lo sepa o no, tiene por morada de su existencia la propia habla.
Luego de esto, la aclaración siguiente en la que reaparecen los polos presentes en el título de las jornadas:
“El hacer una experiencia con el habla es algo distinto a la adquisición de conocimientos sobre el habla”
Esto no quita valor a la investigación científica y filosófica sobre las lenguas y el habla, que a su modo, enseña en todo momento cosas útiles pero:
“la información científica y filosófica sobre el habla es una cosa: y otra, una experiencia que hagamos con el habla”
Como se ve Jacques Lacan no descuidó ni una ni otra.
Volviendo a la experiencia con el habla, Heidegger dice el habla habla allí donde no encontramos la palabra adecuada, cuando algo nos concierne, nos arrastra, nos oprime o nos anima. Pero vivimos y no prestamos atención a estos momentos donde el habla nos ha rozado. Esto permite el hablar cotidiano.
“Únicamente porque en el hablar cotidiano el habla misma no llega nunca al habla, sino que se retiene, estamos precisamente capacitados para hablar un habla”
Y por último “ en la experiencias que hagamos con el habla el habla misma se lleva al habla” Bueno quizá nos sea mas familiar, aunque curiosamente lo entendamos menos, si decimos “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha.”
Como ejemplo de llevar al habla una experiencia con el habla, Heidegger no toma un testimonio de análisis sino un breve poema, obviamente, de un poeta alemán Stefan George, cuya lectura recomiendo.
Luego de este breve pasaje por su texto, (habría que precisar mejor la cuestión para ver), surge la pregunta ¿Porqué Heidegger no quería saber nada con el psicoanálisis, por lo menos tal cual se lo ofrecía Jacques Lacan? Quien en un pequeño pasaje dice que ha querido visitar a Heidegger, hacerle un pequeño signo, hay algo en él, como un presentimiento, pero no es mas que eso, porque Freud, eso no le interesa.
Freud: la dificultad afectiva y no intelectual
Freud se encontró con este problema para el avance del psicoanálisis, la dificultad para que este saber, que obtenía de la experiencia desde su novedoso método, “pase” (tomando una expresión de Jaques Lacan). En un artículo de 1917 llamado Una dificultad del psicoanálisis dice “Desde el comienzo mismo quiero decir que no me refiero a una dificultad intelectual, algo que impidiera al receptor (oyente o lector) entender el psicoanálisis, sino a una dificultad afectiva: algo por lo cual el psicoanálisis se enajena los sentimientos del receptor disuadiéndolo de prestarle interés o creencia”. Como se ve, el problema no es epistémico.
Si fuera un problema epistémico, de horror a lo nuevo tal como lo analiza en otro texto llamado las “Las resistencias al psicoanálisis”, el tono de las protestas contra el psicoanálisis no serían estallidos de indignación, burla y escarnio, no son las resistencia intelectuales sino que se han tocado otros poderes.
Es en éste mismo artículo donde aparece algo bastante repetido en psicoanálisis, y es la serie que arma ubicando al psicoanálisis junto a la revolución que se atribuye a Copérnico, y a la revolución darwiniana. Freud, explica estas resistencias a las posteriores revoluciones, la copernicana, la darwiniana y la psicoanalítica por producirse, como golpes al narcisismo del ser humano. Mas allá del éxito mediático que han tenido, los ejemplos son discutibles, apoyados en el par resistencia revolución, la revolución copernicana no molestó demasiado el narcisismo humano, salvo a la iglesia, como tampoco lo hizo la teoría darwiniana de la evolución que pone al hombre en el lugar más alto de la escala animal . Pero volviendo al psicoanálisis Freud, al menos en este momento, cree que eso va a andar, y espera igual suerte para el psicoanálisis que para las otras dos supuestas revoluciones, mas tarde o mas temprano lo que él llama “las indeseables verdades” que el psicoanálisis tiene para ofrecerle al mundo hallaran el mismo destino, solo hay que esperar.
No parece ser esto lo que ha ocurrido con el psicoanálisis, sino más bien lo contrario, y esta es la tesis de Lacan, cada vez que parece imponerse en la civilización algo del saber del psicoanálisis, aparece metabolizado, extrapolado a un discurso que quita las consecuencias que tiene en el que fue producido y es esta “traducción” la que permite que pase como un saber entre otros. Pero lo que no pasa cómodamente, ¿es el el contenido de ese saber que ataca el narcisismo del ser humano con las protestas del pretendido YO?, o se refiere a la función y a al estatuto de este saber producido en este nuevo discurso. ¿Sería igual si ese saber fuera el de la adaptación, y no un saber que lo despista?
Lacan discurso analítico discurso universitario.
La tensión entre lo que acontece en la experiencia y lo que de ella puede llegar a ser episteme , es decir saber expuesto ligado por una coherencia formal y tranparente para sí mismo, está presente en toda la obra de Lacan pero fue muy desarrollada por él en la época de la producción de los discursos. El paradigma del saber expuesto sería lo que llama discurso universitario. Para esa época ya había muchos intentos de tesis universitarias sobre Lacan, también el uso del grafo en varios campos de la enseñanza universitaria, y Lacan empieza a medir ahí, la distorsión que se produce en la importación (traducción) de algo que es producido en un discurso que tiene sus propias leyes.
S2 a
S1 $
Son varias las consecuencias que se pueden extraer de la distribución de esas 4 letras: el semblante de saber en el lugar del agente, los enseñados como objetos, “los pichones de amo” en el lugar del Otro; sujetos desidentificados en el lugar de la producción (imposibilidad entre S1 y $) pero señalo especialmente para la ocasión, el S1 debajo del S2 indicando la aparición del poder político en el lugar de la verdad, debajo de la apariencia del saber en juego,“receta de familia” lo llamó al comentar unos escándalos por manipulación de designaciones en Oxford y Cambridge.
Al que le interese investigarlo los ejemplos de la distorsión que, según Lacan, se produce son muchos: la crítica a Politzer (El S1 como yo trascendental en el lugar de la verdad y debajo del semblante de saber), el prefacio a la tesis universitaria de Anitta Rifken, pero en el que más insiste Lacan es en el caso de dos de sus alumnos, muy formados por la universidad, a las cuales se refiere como “mis dos eles”(Leclaire y Laplanche) que presentan en Bouneval el hoy conocido trabajo sobre el Inconsciente. El resultado de lo expuesto por ellos y la distorsión que introduce es bien conocida, el inconsciente es la condición del lenguaje, que falsea lo que Lacan trata de transmitir el lenguaje es la condición del inconsciente. Como se podría demostrar analizando más en detalle el caso, el inconsciente pasaría a ser un metalenguaje del lenguaje. Retomando la oposición del comienzo tenemos entonces que los conocimientos sobre la lengua también pueden ser barrera a la trasmisión de la experiencia, vuelvo a citar a Heidegger “La filosofía científica que persigue la producción de este «super-lenguaje» se entiende consecuentemente a sí misma como metalingüística. Esta expresión suena a metafísica pero no sólo suena como ella: es como ella.
El discurso universitario no es el que se da en la universidad, ni el analítico en la comunidad analítica, puede haber discurso universitario en la comunidad analítica, y enseñanza, en el sentido de Lacan que la adjetivaba como digna de tal nombre, en la universidad. El curso de lingüística de Saussure se dictó en la universidad de Ginebra, el curso de Kojeve en la escuela de altos estudios de París, también los cursos de M Foucault; Lacan mismo luego de ser albergado durante años en los márgenes de la universidad terminó aceptando un departamento dentro de ella, y actualmente J.A. Miller en el departamento de psicoanálisis en Paris. Tenemos por otro lado una indicación de Lacan, que habría que discutir en otro contexto, pero que amortigua algo sus críticas: el discurso universitario también posibilita al analítico. La idea de norma, que no estaba en la antigüedad, surge con éste discurso y permite la clínica de Freud.
Como dije mas arriba el tema no es tanto renunciar a producir un saber sobre la experiencia que pueda ser expuesto, sino de precisar sus límites y lo que se pierde de uno al otro. JAMiller, en el texto que hemos tomado como referencia, pregunta hasta donde podemos avanzar por el lado del saber expuesto, dando por sentado que hay un límite, y que él formula ahí como razones de estructura.
La cantidad de aclaraciones del mismo Lacan, hay muchísimas, menciono solo una: “Por lo tanto, sé lo que debo repetir, de encontrarme atrapado en un giro universitario, para no cometer la equivocación de vaciarla del acto que la ha creado”, para que su enseñanza no caiga bajo las leyes del discurso universitario, creo que indican también su proximidad. La forma en que desalienta cualquier iniciativa de tesis universitaria, pronosticando malos resultados para cualquiera que lo intente, creo indica el temor de lo que de su enseñanza se pierda (y seguramente de su nombre ya que en el discurso científico no importan los nombres de autor). Pero también creo que su esperanza de que el discurso analítico, con el acto como agente, pueda preservar lo que los otros discursos borran, declina. Germán García en uno de los capítulos de libro D´escolar recoge una frase del seminario sobre el Sinthome que termina de borrar la esperanza de aquel momento,” El inconsciente solo da huellas, y unas huellas que no solamente se borran solas, sino que “todo”(comillas mías) uso del discurso tiende a borrar, el discurso analítico como los otros. Y si la ampliándola un poco, Ustedes mismos no soñaran mas que con borrar las huellas del mío, puesto que soy yo quien ha comenzado a darle su estatuto a partir de hacer semblante del objeto a… Solamente un año antes, había incluido los otros tres en su lista exceptuando el analítico.
La enseñanza: el enseñante¬- analizante
En un texto titulado Alocución sobre la enseñanza, también en otros lugares, aparecen algunas aclaraciones que permiten situar como Lacan entendía lo que para él era una enseñanza. Ahí luego de hacer una apertura que intenta motivar a los participantes de ese congreso, cierra con su alocución final que es la publicada en Otros Escritos.
En un primer paso, para aclarar las confusiones que, según parece, se han producido en ese congreso, separa enseñanza de saber, una enseñanza podría estar hecha para producir una barrera al saber, algunos buenos pedagogos lo ilustran muy bien o, hay mas saber en el mundo de lo que la enseñanza se imagina. Recordemos que estamos en los años en que homologó el saber y el goce, y que postula que no puedo ser enseñado mas allá de mi saber, algo que en Freud aparecía por el lado del tiempo de la interpretación, no se puede interpretar algo que el sujeto no esté a punto de formular.
Luego ubica al enseñante como $ (S tachada), en división y como significante que lo representa ante otro significante, ¿quien sabe cual?, es cualquiera, pero basta que se sepa para que el sujeto salga del saber, deberá hacer su reentrada. Es en este movimiento que podemos hablar de enseñante en el sentido de Lacan (2). Se entiende mejor el “jamás he tenido un día siguiente para mi refugio”. Esta división en la posición de enseñante hizo que Lacan insistiera en su posición de analizante cuando enseñaba (proposición paradójica por cierto, habría que ver qué tipo de analizante sería?). Que hay Lacan contra Lacan en su misma obra, y es éste uno de los ejes de la lectura que J A Miller ha realizado, es lo que imposibilita una lectura “objetiva” al modo universitario, no queda otra que incluirse en la misma, no hay Lacan dijo, a lo sumo es posible algún digo que Lacan dijo, lo cual impediría, no digo impide porque las hay, pero deja en la impostura cualquier identificación con Lacan. Sabemos que una enseñanza, una vez conquistado un saber puede dedicarse a publicarlo, difundirlo, venderlo, y con un poco de suerte vivir toda una vida de aquel libro publicado, de aquel tema compuesto, el momento actual lo muestra bien con revaivals de revivals. Quizá podamos usar la expresión que él mismo Lacan usó para ejemplificar el empujón que recibe el animal, el viviente, para pasar a la escena donde se representa, “Fuego en el trasero”, sin permitir que el mismo saber que producía y dejaba caer hiciera de cierre a esa división. Si amenazó durante años y en varios momentos con interrumpir su enseñanza, parecería que este mismo proceso no se lo permitió.
Gustavo González
(1) Exposición en las jornadas “Formación analítica y experiencia del análisis” año 2008
(2) Posteriormente a la exposición del trabajo encontré en J C Milner, una clarificadora alusión al tema : Al igual que con el científico, el discurso universitario anula la categoría de maestro, insustituible, hay como mucho profesores, de los que se espera no actúen como sujetos, sustituibles unos por otros, al igual que los científicos, no entran sus características personales, salvo aquellas que no alteren su buen funcionamiento “olores marchitos, colores grisáceos, modos anodinos, es lo que se espera cuando todo es cuestión de posición, no de sujeto”. La actual proliferación de maestrías en psicoanálisis sería según Milner un bello ejemplo del sentido antitético de las palabras primitivas. Cabe aclarar que por vía del matema Lacan quiso ubicar el psicoanálisis en esta línea, momento en que declara la posición antifilosófica y toma lugar en la universidad.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Otras Respuestas
Un padre por orden judicial. Por Verónica Ortiz
Me llamó la atención hace unos días un artículo publicado en el diario Clarín[1] acerca de una resolución judicial: la de obligar, con la fuerza de la ley, a un padre a adquirir una computadora para su hijo de 10 años y establecer con él una relación vía chat tres veces a la semana, día y hora predeterminados. Algo así como un horario de visitas cibernética. Para asegurarse que el progenitor cumpliese con el mandato de la ley en forma personal, se agregó una cámara web obligatoria. De este modo se buscaba paliar la “angustia” del niño por no contar con la presencia de su padre desde sus 6 años de vida, momento en que se separó de su madre y partió al exterior.
¿Se puede construir un padre? ¿Se puede obligar a ser padre? ¿Se pretende hacer consistir un padre, allí donde tal vez no lo haya?
La nuestra es una época de gran heterogeneidad de la comunidad: lo que Jacques Alain Miller y Eric Laurent llaman el “multiculturalismo actual” que está en la base de identificaciones débiles y un sentimiento de fragmentación discursiva. En El Otro que no existe y sus comités de ética[2] exploran la decadencia del nombre-del-padre, significante que durante años funcionó colectivizando. Sitúan el modo en que, en consonancia con tal declinación, Lacan pluralizó este significante, convirtiéndolo en los-nombres-del-padre. Hoy hallamos, al decir de Miller, “el significante en nombre del cuál hablo”, lo que trastoca el nivel de la identificación.
En este contexto, la idea de familia ha cambiado sensiblemente. Se habla de convivencia, de monoparentalidad, de uniones del mismo sexo, de familias ensambladas, etc. La ciencia ha contribuido en este aspecto en gran medida, habilitando posibilidades hasta ahora insospechadas como la clonación, los implantes de óvulos, las donaciones de esperma… Hoy somos testigos de situaciones hasta hace poco inimaginables: una abuela dando a luz a su nieto, el nacimiento de octillizos, un niño concebido con el objetivo de salvar la vida de su hermano o una mujer que solicita que le realicen una inseminación artificial con el esperma de su marido, quien ha permanecido dos años en coma.
Es así que surgen nuevas preguntas éticas y vacíos en la legislación para la regulación de estas prácticas y se registran dificultades para situar las relaciones intergeneracionales y los lazos filiatorios.
(Una digresión: desde la perspectiva del súper yo en su vertiente de mandato a gozar, nos preguntamos: ¿Todo lo posible es obligatorio?)
Es así que encontramos a la justicia en esta coyuntura, intentando poner orden en este estado de cosas: la incidencia de la ciencia en la vida de hoy, el estallido de los lazos familiares, la fragilidad de las identificaciones, la fragmentación y heterogeneidad de las comunidades, la segregación.
Pero, volvamos a las preguntas, retomando para nuestra época la interrogación freudiana acerca de qué es un padre: ¿un padre, se ordena? ¿Se es padre por obligación? El en nombre de la ley parece ser, en este caso, un intento de proceder en nombre del padre. Pero ¿de qué padre? ¿Del padre como función o del padre real de este niño? ¿Encarna siempre un genitor la función paterna? ¿Se puede obligar a un hombre real a hacerlo, bajo el control de la mirada del Otro?
En la clínica se verifica que lo que ocupa el lugar del significante de la identificación no necesita ser portado de modo exclusivo por el genitor. Puede tratarse de un padre ausente, incluso fallecido y no obstante darse un proceso de subjetivación sin demasiados sobresaltos.
Esto indica que no estamos habilitados a juntar de manera unívoca genitor y padre. Este es el punto que aparece confundido en el abordaje de este caso por aquellos que encarnan la ley.
Resulta esclarecedor al respecto el recorrido de la obra de Jacques Lacan, que va del mito del Edipo freudiano a la metáfora paterna, de allí a los nombres del padre y finalmente al padre como síntoma, un operador estructural con una función de uso: contar con el padre para servirse de él.
Ya en los inicios de su enseñanza, Lacan advertía “incluso en efecto representada por una sola persona, la función paterna concentra en sí relaciones imaginarias y reales, siempre más o menos inadecuadas a la relación simbólica que la constituye esencialmente” produciendo aquí una disyunción entre genitor y padre y enseñando a ubicar con precisión que “en el nombre del padre es donde tenemos que reconocer el sostén de la función simbólica que, desde el albor de los tiempos históricos, identifica su persona con la figura de la ley[3]”.
No obstante esto, ante el estallido de los lazos familiares en el marco de nuestra época, la del Otro que no existe, cobra toda su relevancia el interrogante que se hace y que nos hace Serge Cottet. “¿Qué hay de los estragos, del vacío dejado por el padre real, el genitor tan fácilmente reemplazado en nuestro discurso por un significante cualquiera en el lugar del padre desconocido, abandónico, perverso, irresponsable?[4]” Este punto es a esclarecer caso por caso y no debe ser soslayado, aún cuando mantengamos disjuntos genitor y padre.
Si bien anoticiados de lo anterior, es mi opinión que la pretensión de hacer un padre por orden judicial es una empresa que desconoce la distancia entre genitor y función paterna a contra mano de la definición que de esta última da Lacan (…) “en tanto que su nombre (el del padre) es el vector de una encarnación de la ley en el deseo[5]”, es decir, un padre es aquel que transmite a su descendencia un deseo que no sea anónimo. ¿Puede hacer esto un juez? Un juez está habilitado para hablar en nombre de la ley, pero ¿eso lo habilita de modo necesario a hablar en nombre del padre?.
[1] Sociedad 06-02-2009
[2] Jacques-Alain Miller en colaboración con Eric Laurent El Otro que no existe y sus comités de ética Paidós 2005.
[3] Jacques Lacan “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”. Escritos I.Siglo XXI Editores
[4] Serge Cottet “El niño y las nuevas apuestas de la familia” XXVIII Jornada de estudio del CEREDA 10 junio 2006.
[5] Jacques Lacan “Dos notas sobre el niño”, Intervenciones y textos 2. Editorial Manantial.
Me llamó la atención hace unos días un artículo publicado en el diario Clarín[1] acerca de una resolución judicial: la de obligar, con la fuerza de la ley, a un padre a adquirir una computadora para su hijo de 10 años y establecer con él una relación vía chat tres veces a la semana, día y hora predeterminados. Algo así como un horario de visitas cibernética. Para asegurarse que el progenitor cumpliese con el mandato de la ley en forma personal, se agregó una cámara web obligatoria. De este modo se buscaba paliar la “angustia” del niño por no contar con la presencia de su padre desde sus 6 años de vida, momento en que se separó de su madre y partió al exterior.
¿Se puede construir un padre? ¿Se puede obligar a ser padre? ¿Se pretende hacer consistir un padre, allí donde tal vez no lo haya?
La nuestra es una época de gran heterogeneidad de la comunidad: lo que Jacques Alain Miller y Eric Laurent llaman el “multiculturalismo actual” que está en la base de identificaciones débiles y un sentimiento de fragmentación discursiva. En El Otro que no existe y sus comités de ética[2] exploran la decadencia del nombre-del-padre, significante que durante años funcionó colectivizando. Sitúan el modo en que, en consonancia con tal declinación, Lacan pluralizó este significante, convirtiéndolo en los-nombres-del-padre. Hoy hallamos, al decir de Miller, “el significante en nombre del cuál hablo”, lo que trastoca el nivel de la identificación.
En este contexto, la idea de familia ha cambiado sensiblemente. Se habla de convivencia, de monoparentalidad, de uniones del mismo sexo, de familias ensambladas, etc. La ciencia ha contribuido en este aspecto en gran medida, habilitando posibilidades hasta ahora insospechadas como la clonación, los implantes de óvulos, las donaciones de esperma… Hoy somos testigos de situaciones hasta hace poco inimaginables: una abuela dando a luz a su nieto, el nacimiento de octillizos, un niño concebido con el objetivo de salvar la vida de su hermano o una mujer que solicita que le realicen una inseminación artificial con el esperma de su marido, quien ha permanecido dos años en coma.
Es así que surgen nuevas preguntas éticas y vacíos en la legislación para la regulación de estas prácticas y se registran dificultades para situar las relaciones intergeneracionales y los lazos filiatorios.
(Una digresión: desde la perspectiva del súper yo en su vertiente de mandato a gozar, nos preguntamos: ¿Todo lo posible es obligatorio?)
Es así que encontramos a la justicia en esta coyuntura, intentando poner orden en este estado de cosas: la incidencia de la ciencia en la vida de hoy, el estallido de los lazos familiares, la fragilidad de las identificaciones, la fragmentación y heterogeneidad de las comunidades, la segregación.
Pero, volvamos a las preguntas, retomando para nuestra época la interrogación freudiana acerca de qué es un padre: ¿un padre, se ordena? ¿Se es padre por obligación? El en nombre de la ley parece ser, en este caso, un intento de proceder en nombre del padre. Pero ¿de qué padre? ¿Del padre como función o del padre real de este niño? ¿Encarna siempre un genitor la función paterna? ¿Se puede obligar a un hombre real a hacerlo, bajo el control de la mirada del Otro?
En la clínica se verifica que lo que ocupa el lugar del significante de la identificación no necesita ser portado de modo exclusivo por el genitor. Puede tratarse de un padre ausente, incluso fallecido y no obstante darse un proceso de subjetivación sin demasiados sobresaltos.
Esto indica que no estamos habilitados a juntar de manera unívoca genitor y padre. Este es el punto que aparece confundido en el abordaje de este caso por aquellos que encarnan la ley.
Resulta esclarecedor al respecto el recorrido de la obra de Jacques Lacan, que va del mito del Edipo freudiano a la metáfora paterna, de allí a los nombres del padre y finalmente al padre como síntoma, un operador estructural con una función de uso: contar con el padre para servirse de él.
Ya en los inicios de su enseñanza, Lacan advertía “incluso en efecto representada por una sola persona, la función paterna concentra en sí relaciones imaginarias y reales, siempre más o menos inadecuadas a la relación simbólica que la constituye esencialmente” produciendo aquí una disyunción entre genitor y padre y enseñando a ubicar con precisión que “en el nombre del padre es donde tenemos que reconocer el sostén de la función simbólica que, desde el albor de los tiempos históricos, identifica su persona con la figura de la ley[3]”.
No obstante esto, ante el estallido de los lazos familiares en el marco de nuestra época, la del Otro que no existe, cobra toda su relevancia el interrogante que se hace y que nos hace Serge Cottet. “¿Qué hay de los estragos, del vacío dejado por el padre real, el genitor tan fácilmente reemplazado en nuestro discurso por un significante cualquiera en el lugar del padre desconocido, abandónico, perverso, irresponsable?[4]” Este punto es a esclarecer caso por caso y no debe ser soslayado, aún cuando mantengamos disjuntos genitor y padre.
Si bien anoticiados de lo anterior, es mi opinión que la pretensión de hacer un padre por orden judicial es una empresa que desconoce la distancia entre genitor y función paterna a contra mano de la definición que de esta última da Lacan (…) “en tanto que su nombre (el del padre) es el vector de una encarnación de la ley en el deseo[5]”, es decir, un padre es aquel que transmite a su descendencia un deseo que no sea anónimo. ¿Puede hacer esto un juez? Un juez está habilitado para hablar en nombre de la ley, pero ¿eso lo habilita de modo necesario a hablar en nombre del padre?.
[1] Sociedad 06-02-2009
[2] Jacques-Alain Miller en colaboración con Eric Laurent El Otro que no existe y sus comités de ética Paidós 2005.
[3] Jacques Lacan “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”. Escritos I.Siglo XXI Editores
[4] Serge Cottet “El niño y las nuevas apuestas de la familia” XXVIII Jornada de estudio del CEREDA 10 junio 2006.
[5] Jacques Lacan “Dos notas sobre el niño”, Intervenciones y textos 2. Editorial Manantial.
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